En el corazón del Centro Histórico de Puebla, justo en la calle Juan de Palafox y Mendoza número 406, se alza una casona sobria y elegante que, aunque discreta a primera vista, guarda una historia artística centenaria. Se trata de la antigua Academia de Bellas Artes de Puebla, hoy conocida como la Casa de las Bóvedas, sede de la Vicerrectoría de Extensión y Difusión de la Cultura de la BUAP.
La placa en su fachada aún recuerda su origen: “Escuela de Bellas Artes de Puebla, fundada por el presbítero José Antonio Jiménez de las Cuevas en el año de 1814”. Pero, ¿qué fue de esta academia? ¿Por qué cerró sus puertas? Y más importante aún: ¿se puede visitar?
Una cuna del arte desde el siglo XIX
La historia del recinto se remonta incluso más allá de su uso académico. Mandada a construir en 1684 por el racionero de la Catedral, Diego Peláez, la casona cambió de manos varias veces hasta que en 1813 fue adquirida por el presbítero Jiménez de las Cuevas. Un año después, se fundó ahí la Academia de Bellas Artes, como parte de un proyecto educativo pionero en su época.
La calle misma cambió de nombre varias veces debido a la importancia del edificio: primero fue conocida como Calle de la Bóveda, luego como Calle de la Academia, y finalmente adquirió el nombre de Calle de Francisco Morales en honor a uno de sus directores más destacados.
Por sus aulas pasaron nombres clave del arte en Puebla: Agustín Arrieta, Desiderio H. Xochitiotzin, Salvador del Huerto, José María Legazpi, entre otros. La academia no solo formó artistas, sino que también albergó una valiosa colección de obras del Colegio del Estado, muchas de las cuales se perdieron tras su cierre en 1973.
Ese año marcó el fin de la academia como tal, pero no del arte. El edificio continuó como espacio cultural universitario: primero fue sede de la Pinacoteca Universitaria, y luego —a partir de 1987— sus colecciones se trasladaron al Museo Universitario Casa de los Muñecos.
Hoy, la Casa de las Bóvedas es más que un edificio histórico: es un centro de gestión y difusión cultural. Y sí, ¡se puede visitar!








