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lunes, octubre 26, 2026
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La ciudad de obsidiana y pirámides que pocos conocen en Puebla

A tan solo dos horas de la ciudad de Puebla, entre los municipios de Tepeyahualco y Cuyoaco, se encuentra Cantona, una de las zonas arqueológicas más impresionantes y menos conocidas de México. Su nombre, que significa “Casa del Sol”, revela la importancia cultural y ceremonial de esta urbe prehispánica, erigida sobre un flujo de lava del volcán Caldera de los Humeros hace aproximadamente 60,000 años.

Lejos de ser un obstáculo, la roca volcánica se convirtió en la base sólida que permitió a sus habitantes transformar un paisaje aparentemente inhóspito en una ciudad próspera durante más de dos mil años.

La elección del terreno no fue casual. Según la arqueóloga Katina Vackimes Serret y estudios del INAH, los fundadores aprovecharon la topografía irregular y las coladas de basalto no solo como material de construcción, sino como elemento defensivo. El malpaís —una formación de lava árida y rocosa— funcionaba como barrera natural que separaba la ciudad del territorio agrícola, ofreciendo protección frente a posibles ataques y facilitando la planificación urbana de la urbe.

Con alrededor de 4,000 calles y calzadas internas, Cantona se convirtió en una de las ciudades más urbanizadas del México prehispánico, destacando también por sus 24 juegos de pelota, símbolos de su riqueza cultural y social. Sus edificios fueron erigidos con piedras volcánicas superpuestas, sin mortero, demostrando un ingenioso aprovechamiento de los recursos locales.

La obsidiana, oro volcánico de Cantona

Otro factor clave en el desarrollo de Cantona fue la cercanía a un yacimiento de obsidiana, un vidrio volcánico altamente valorado en la época prehispánica. A solo 9 kilómetros de la ciudad, esta materia prima permitió la fabricación de herramientas, armas y objetos de comercio, consolidando a Cantona como un centro económico estratégico.

Además, su ubicación en la Cuenca Oriental ofrecía acceso a agua subterránea y una visibilidad estratégica del territorio, lo que garantizaba la seguridad y supervivencia de sus habitantes

Cantona se extendía sobre 14 kilómetros cuadrados, entre los 2,480 y 2,609 metros sobre el nivel del mar. La ciudad aprovechaba los desniveles y formaciones naturales del malpaís: los barrios residenciales se ubicaban en las zonas bajas, protegidos del viento y cambios de temperatura, mientras que los espacios cívico-religiosos y políticos ocupaban las partes altas, ofreciendo vistas panorámicas del territorio.

Sin embargo, tras las invasiones chichimecas del siglo XI, Cantona fue finalmente abandonada, dejando atrás un legado de ingeniería y planificación urbana único en México.

Cómo llegar a Cantona

Para quienes desean explorar esta maravilla prehispánica, Cantona se encuentra a aproximadamente dos horas de la ciudad de Puebla. La ruta más directa es:

  1. Tomar la autopista México-Veracruz (Núm. 150) hacia el oriente.
  2. Desde Amozoc, seguir por la Carretera Federal 129 (Puebla-Teziutlán) hasta el poblado de Oriental.
  3. Continuar hasta Tepeyahualco, donde se encuentra el acceso a la zona arqueológica.

El costo de entrada es de 95 pesos, que incluye acceso al museo de sitio, mientras que los domingos la entrada es gratuita para ciudadanos mexicanos.

Cantona no solo es un ejemplo de ingenio prehispánico, sino un testimonio de cómo los antiguos habitantes de Puebla transformaron un paisaje volcánico en una ciudad próspera, combinando estrategia, recursos naturales y arquitectura sobre lava.

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