Durante la conmemoración de la Semana de los Océanos 2025, especialistas del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM advirtieron sobre los efectos del fenómeno climático conocido como “Niño Godzilla”, considerado uno de los más intensos registrados en el océano Pacífico mexicano en las últimas décadas.
De acuerdo con la investigadora María Luisa Machain Castillo, este evento elevó la temperatura del mar en más de 2.5 °C por encima del promedio, alterando gravemente los ecosistemas marinos. La súbita alza térmica propició la llegada de especies invasoras a costas como las de Mazatlán, organismos que no suelen habitar esas aguas pero que se adaptaron temporalmente al nuevo entorno cálido.
Aunque estas especies desaparecieron cuando el mar recuperó su temperatura habitual, el impacto fue significativo: se redujo la población de microorganismos base de la cadena alimenticia marina, afectando a peces y otras especies que dependen de ellos, con consecuencias directas para la pesca local.
Machain explicó que este tipo de fenómenos también generan zonas con bajo contenido de oxígeno en la superficie marina, situación que compromete la vida de muchas especies de interés comercial y eleva el riesgo de colapso ecológico en áreas costeras vulnerables.
Por su parte, Silvia Pajares Moreno, del Laboratorio de Ecología Microbiana Acuática, detalló que el calentamiento global intensifica la recurrencia y fuerza de fenómenos como el Niño Godzilla. Además, señaló que estos cambios climáticos contribuyen a la desoxigenación del océano, el blanqueamiento de corales, la proliferación de mareas rojas y la formación de zonas muertas.
Uno de los datos más preocupantes es que en estas regiones con oxígeno mínimo puede perderse hasta el 50 % del nitrógeno marino, un nutriente esencial para la vida acuática. Aunque solo cubren un 8 % del área oceánica mundial, estas zonas están en expansión debido al calentamiento de los mares y la contaminación.
¿Qué es el “Niño Godzilla”?
El término fue acuñado por la NASA en 2015 para describir una versión extrema del fenómeno El Niño. En 2025, este patrón climático ha reaparecido con una intensidad similar, ocasionando graves alteraciones en los sistemas meteorológicos del planeta.
En México, sus efectos ya son evidentes: se incrementa la frecuencia de huracanes de gran intensidad, se registran lluvias torrenciales en el sur del país y sequías prolongadas en regiones del norte. Además, los mares más cálidos —especialmente cerca del Istmo de Tehuantepec— se convierten en “combustible” para el rápido fortalecimiento de tormentas tropicales.
Impactos en México
- Eventos meteorológicos extremos: Se prevé un aumento en la formación de ciclones categoría 4 y 5, como ocurrió con el huracán Otis en 2023.
- Crisis en los ecosistemas marinos: La llegada de microorganismos foráneos desplaza al plancton nativo, lo que impacta la biodiversidad y la pesca comercial.
- Afectaciones económicas: La reducción de especies marinas clave pone en riesgo la seguridad alimentaria de comunidades costeras. Además, las lluvias excesivas y sequías perjudican cultivos e infraestructura.
- Riesgos para la salud: Las condiciones climáticas extremas favorecen enfermedades como el dengue y complicaciones derivadas de olas de calor, afectando especialmente a personas con padecimientos respiratorios o cardiovasculares.
¿Qué se puede hacer?
Los expertos instaron a reforzar los sistemas de alerta temprana, proteger los ecosistemas costeros, mejorar la infraestructura hídrica y promover una sólida educación climática. También enfatizaron que el océano, a pesar de ser un aliado contra el cambio climático por su capacidad para absorber dióxido de carbono, enfrenta un límite. Si no se actúa con urgencia, la expansión de zonas de bajo oxígeno y los efectos del calentamiento global podrían tener consecuencias irreversibles.








