La Catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, ubicada en el corazón del Centro Histórico de Puebla, es una de las joyas arquitectónicas más impresionantes del país. Su edificación comenzó en 1575 y culminó en 1768 con la construcción de la torre sur. La estructura fue concebida en forma de cruz latina, con cinco naves, un altar principal de planta octagonal y dos torres que, en su tiempo, fueron las más altas de América, con una altura de 70 metros.
Según datos de la Secretaría de Cultura, su fachada representa una transición del barroco tardío al estilo neoclásico, con columnas de orden dórico y corintio que embellecen su imponente presencia. En su interior, la catedral resguarda un valioso acervo artístico con pinturas y frescos del siglo XVIII, muchas de ellas obra del pintor Pedro García Ferrer. También posee 14 capillas, entre ellas “El Ochavo” o “Sala del Tesoro”, decorada con dorados y arte religioso de gran valor.
Una de las historias más curiosas relacionadas con esta catedral señala que, debido a un error en la lectura de los planos, los arquitectos españoles construyeron en Puebla el templo originalmente destinado para la Ciudad de México.
Los misterios que guarda bajo su altar
Más allá de su imponente arquitectura, la Catedral de Puebla guarda un espacio secreto bajo el altar mayor. Según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en este lugar reposan los restos de obispos y arzobispos que han dirigido la Iglesia en Puebla a lo largo de los siglos.
Este sitio subterráneo, resguardado por una figura dorada de un ángel que parece vigilar los restos, solo se abre al público una vez al año, generalmente durante las celebraciones del Día de Muertos. El resto del tiempo, las puertas de madera finamente labradas y adornadas con detalles dorados permanecen cerradas.
Entre los personajes enterrados allí se encuentran figuras importantes como Fray Julián Garcés, el primer obispo de Puebla, Salvador Biempica y Sotomayor, Octaviano Márquez y Rosendo Huesca Pacheco, este último antecesor del actual arzobispo Víctor Sánchez Espinosa.
La capilla de las reliquias
Otro espacio poco conocido dentro de la catedral es la capilla donde se resguardan reliquias de santos, mártires y beatos. Este recinto también abre sus puertas solo una vez al año y conserva fragmentos óseos de figuras como San Basilio, San Cornelio, Santa Catalina de Siena, San Sotero Papa y San Irineo, entre otros.
Hoy en día, la Catedral de Puebla no solo es un símbolo religioso, sino también cultural. Desde 1987 forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad, reconocimiento otorgado por la UNESCO al Centro Histórico de Puebla, debido a su riqueza arquitectónica, histórica y espiritual.
Visitarla es adentrarse en siglos de historia, arte sacro y un legado vivo que continúa sorprendiendo a quienes se atreven a mirar más allá de lo evidente.








